Ella llega a su apartamento. Cierra la puerta. Deja caer su mochila con los pesados libros de las clases de patología y fisonomía sobre el sillón. Se quita los zapatos. Va por agua a la cocina.
Se para sobre un pie y se recarga en el viejo refrigerador casi vacío.
Bebe de su vaso grande. El delineador corrido en sus ojos verdes acentúan sus ojeras. Tiene la mirada fija en la pared y muerde de vez en cuando el vaso de plástico naranja y duro. Frente a ella ve las imágenes que su cabeza proyecta como celuloide en pantalla de cine.
Regresa a la "realidad" o al menos a su apartamento. Deja el vaso en el fregadero. Sale de la cocina. Se acomoda el cabello negro alborotado después de un largo día de escuela.
Entra al baño sin cerrar la puerta. Sale y se dirige a su cuarto. Prende la lámpara del buró. Se sienta en la cama, se quita el suéter púrpura de manga y cuello largo que lleva puesto. Se queda sin playera. Se ve las manos, tiene delgadas líneas rojas en las muñecas. Las toca y sonríe.
Suspira. Se quita los pantalones dejándolos en el suelo. Apaga la lámpara.
Se oculta bajo sus sábanas duras color vino, intenta dormir sin conseguirlo. Se desespera.
Lleva su mano a la cara, baja por su rostro, el cuello , su seno izquierdo, el derecho, la baja hasta el abdomen, le da una vuelta al ombligo con su dedo medio. Toca más abajo. Apenas llega a su sexo y toda su piel siente frío, junta las manos cerca de su cara y enrosca su cuerpo.
Se sienta, prende la lámpara de nuevo, abre el cajón del buró y saca un cuadernillo y un bolígrafo. Escribe algo. Los guarda. Saca un exacto para cortar cartón. Se lo acerca a la muñeca izquierda, se hace una cortada más para su colección.
Se vuelve a recostar bajo las sábanas. Comienza a sangrar. Lleva la mano a su pecho. Aún siente frío pero empieza a sentir el cálido, húmedo y espeso líquido, tan suyo y a la vez tan ajeno a ella.
Mueve la mano, la sangre la moja, la calienta, la llena, la satisface, la excita. Tiene los ojos cerrados. Piensa que la sensación es parecida a ser tocada por alguien más. Alguien que la ama. Alguien que conoce y sólo existe en ella. Una creación de ella. Alguien a quien ha esperado.
La sangre deja de fluir con la misma intensidad, se seca, se enfría. Ella se sienta rápidamente, agitada, despeinada. Abre el cajón y vuelve a cortarse
con más fuerza. Se acuesta y vuelve a su labor.
La frente, las mejillas, la boca, el cuello, todo es rojo ahora. Su respiración se agita, gime, se muerde los labios, grita. Pasa la muñeca sobre sus pechos su abdomen. Respira más rápido. Sus piernas se vuelven rojas. Su respiración se detiene... termina.
Sonríe con una lágrima que se mezcla con el rojo de sus mejillas. Su mirada está fija en el techo. Pero las imágenes de su mente no fluyen, se han detenido en un fotograma vacío. Su mano cuelga. Aún escurre sangre de su muñeca.... escurrirá... escurrirá ahora sin ella.
3 comentarios:
ey! esta bueno
creo que no me encanta que haya una lágrima...pero quizá son mis prejuicios y....tal vez sería padre que ella tuviera nombre... para que dejaras de repitir ella todo el tiemo, además de que los nombres le dan como mayor identidad a los personajes....
bueno huyo! cuídate caro
Me parece muy agradable la historia. La trama es buena y la redaccion es excelente.
Por cierto, muy seguido me acuerdo de ti.
Saludos
Este es el texto del que se comentaba en: Si lees se nota. Es difícil escribir sin permitir que mucho o poco de nosotros se permee en nuestros escritos ¿verdad?
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