lloro làgrimas de ausencia,
lloro làgrimas desiertas,
làgrimas dòciles y lentas,
pero y al fin y al cabo, secas.
Làgrimas que arden, que corroen.
Làgrimas que lastiman,
aún sin haber rozado las mejillas.
Lágrimas que gritan tu partida,
a pesar de la presencia,
de la voz de tus palabras.
Làgrimas que se esconden
y se mezclan con desear:
que la cara hùmeda se queme,
que la arena se disuelva,
que logren inundar este desierto.
Y así, esas mismas làgrimas,
esa misma arena,
sean quienes,
a pesar de los letargos,
las que hasta mi te traigan.
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