martes, 15 de diciembre de 2009

envídiola

La noche,
esa noche mientras hablábamos,
la Luna atacaba su mano.

¿Qué podía yo hacer?
¡Sólo morir de envidia!

Pero aún no sé,
a quién envidiaba más,
si a Ella o a la Luna.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y hay más, también he podido acariciar la luna y mirarla a los ojos mientras te escucho y entiendo de universos conspiradores, casualidades y más lunas, tejiendo ese hilo de plata interminable.