Tocaron la puerta.
-¿Si?- pregunté tras abrirla.
Con marcado acento extrajero un hombre canoso dijo:
-Estoy buscando personal que hable francés. ¿Alguien de su casa habla francés? o ¿Conoce algún familiar que hablen francés?-
Extrañada, dudé en responder. Tal vez me había convertido en un francófono como Felipe Montero y debía tomar el trabajo tan seguramente como él. Tal vez un narrador en segunda persona estaba relatando cómo cambiaría mi vida al aceptarlo.
Negué dos veces y cerré la puerta despidiéndome con la cabeza.
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