sábado, 28 de noviembre de 2015


Con el cuerpo oculto y curveado bajo la oscuridad,
Inmóvil disfruto sentirme invisible, inexistente.
No quiero que llegue la helada y punzante luz blanca a dejarme ver,
a dejarme verme;
A golpearme sorpresivamente con aquello que hay que hacer, aquello que no debe dejarse de hacer.
Quiero que seas tú y no ella la que me regrese la forma a este cuerpo que en lo obscuro es amorfo.
Vuélveme a esos ya lejanos días en los que jugabas conmigo, cuando aún no tenía estas cicatrices de duelo que ahora me cruzan el pecho.
Cuando sólo éramos risas, miradas, caricias y palabras y la luna se encargaba de hilvanar mi piel con la tuya en el húmedo telar de tu recámara.
!No, la luz!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me pregunto si te habrás dado cuenta de quién jugó con tu juego de palabras amarillas.
Como sea te diré, ya sin usar más juegos de palabras ni acentuaciones forzadas, que esta entrada me pareció honesta. Alejada de tus lugares conocidos. Te lo digo no porque crea que mi opinión es invaluable, sino porque así como escribí algo acerca de una, puedo escribir que eso encontré acerca de ésta. Me pregunto si el proceso para escribirla habrá sido similar.