martes, 23 de febrero de 2016

somnolienta vigilia

Salí intempestiva e instintivamente por aquella puerta que al fin me sacó del desconocido edificio que sin darme cuenta me había tragado con todo y libros.
Aún agitada por la huida, el exterior me pareció aún más desconocido que el interior.  Me acogió en su regazo un sonriente y anguloso columpio rojo que no se quejó de las manchas que yo llevaba sobre los hombros y  las rodillas, ni del olor a agrio del interior del mismo edificio del que había escapado.

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