martes, 12 de mayo de 2015

El amor se hace carne y habita en nosotros


Tras tres insulsos trámites resueltos. Me encontré al llegar a casa a medio día, con un paquete.
El remitente era un amigo poeta. Me había enviado una copia de nueve años de su vida por correo, plasmados en un poemario.
Hojeé el engargolado del que ansiosamente saltaban palabras con las que mis ojos y mi piel reverberaban con certeza.
Pasaron las páginas, pasaba su vida y así de pronto, encontré allí mi nombre con todas sus grafías de la A a la Z. Quedé envuelta en el recuerdo de aquellos meses en los que compartimos vida entre barrocos vaivenes de cantera, letras, imágenes y risas.
Una tectónica emoción, subió desde mis pies hasta mi rostro. Quedé extasiada en esa experiencia instantánea que ocurre cuando el amor se hace carne y habita en nosotros.

1 comentario:

patriciakistenmacher dijo...

y salpica a los demás, impregnándolos de dulzura