Desperté dándome
cuenta que llevaba semanas tratando de vivir entre la realidad y la fantasía de
cinco –no sé qué tan viables- mundos posibles en un futuro cercano.
Al hacer
conciencia de ello, estos mundos se desvanecieron, la latente y
extenuante ansiedad que había tenido cesó, pero cesó también la
diversión y la dosis de ilusión que me dejaba soportar esta cosa a
la que llaman presente.
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